Naturaleza y arte en el quejigar
El valle de Guesálaz conserva algunos de los últimos bosques de quejigos de Navarra, pequeños vestigios de un paisaje que, siglos atrás, ocupaba una superficie mucho mayor. Estos bosques se encuentran en una zona de transición, a medio camino entre las nieblas persistentes que se acumulan en los fondos de los valles y las que cubren las cumbres. Viven, por tanto, entre dos ambientes, en un delicado equilibrio que les da unas características muy particulares.
Nos hemos adentrado en estos bosques para conocer mejor sus secretos, descubrir cómo funciona este ecosistema y observar de cerca las plantas que anuncian la llegada de la primavera.

Con el objetivo de acercar a la población a este valioso patrimonio natural y promover su conocimiento y conservación, se puso en marcha una experiencia de Educación Ambiental que combina naturaleza y arte. La iniciativa fue posible gracias a las ayudas del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra y contó con la colaboración de la Escuela de Ocio y Tiempo Libre Urtxintxa y de la microcooperativa Iratilur, la artísta Iraia Ziaurriz Villalba y el sociólogo Samuel Martínez-Lage. La experiencia comenzó el 29 de abril, con las primeras visitas realizadas por participantes de la Campaña de Vela. El programa continuó con la colaboración de Tierras de Iranzu, dos nuevas salidas, los días 7 y 13 de junio, en las que participaron tanto visitantes como personas de la población local.
Durante estas jornadas, las personas participantes pudieron acercarse al funcionamiento del ecosistema del quejigar de una manera diferente: observando, escuchando, tocando y explorando el entorno a través de los sentidos. A partir de estas experiencias, utilizaron el arte como herramienta para expresar aquello que el bosque les transmitía. Así, el quejigar dejó de ser simplemente un paisaje cotidiano para convertirse en un espacio de descubrimiento, experimentación y sensibilidad. La acogida de la actividad fue muy positiva. Para muchas de las personas participantes, supuso descubrir el valor de un ecosistema que siempre había estado presente en su entorno, pero cuya importancia y riqueza natural no habían tenido hasta entonces la oportunidad de conocer.

El proyecto llega ahora a su última etapa con la presentación de dos materiales que ayudarán a poner en valor la riqueza de este ecosistema: un folleto dedicado a las flores del quejigar y un póster sobre el propio bosque. La presentación, abierta a todos los públicos, tendrá lugar el 12 de septiembre, a partir de las 10:00 horas, en el camping de Aritzaleku, en Lerate. Se invitará a las personas participantes a reconocer y disfrutar del mensaje de los robledales con una experiencia vivencial, en el propio camping Aritzaleku.
Es una oportunidad para acercarse a estos bosques de tonos cobrizos, que durante siglos han formado parte del paisaje de la zona. Una invitación, en definitiva, a detenerse, mirar y descubrir la riqueza que esconden estos pequeños bosques del Valle de Guesálaz.